Error 404 - Una Mamá en las Nubes

Sueño con tener una casita de grandes ventanas con vistas a una calle empedrada. Al fondo, el Atlántico. La vida pasa mientras a lo lejos se escucha un fado, una canción, Amar pelos dois, por ejemplo.

Hay amores a primera vista. Os lo aseguro. Hay primeras veces que te atrapan, que desencadenan lazos de los que no puedes escapar más.

Yo le dije una vez que no a Lisboa, rechacé un Erasmus allí, no me preguntéis por qué, que no me lo perdono todavía. Algunos años más tarde, con poco más de veinte primaveras, visité Lisboa por primera vez y, desde entonces, sueño con volver, volver, volver cada año.

No sé si es esa luz frente al Tajo. Sus calles empinadas. La ropa tendida entre callejuelas. La sensación de que la vida es vivida, a fuego lento. Sus tiendas de ayer, hoy y mañana. La amabilidad de su gente. No puedo hablaros nada malo de una ciudad que me atrapa en cada ventana. Que me hace soñar mirando el horizonte.

Coger el tranvía 28 o caminar por La Baixa hasta Chiado . Tomar un buen café en A Brasileira. Perderse en una de las tantas tiendas que abarrotan la ciudad. Comprar una bonita pieza de cerámica, una Andorinha negra o un jabón de Claus Porto en A vida Portuguesa.

Foto tomada de Nytimes

Subir hasta el Castillo de San Jorge. Recorrer la Alfama y cenar en cualquier tasca para bajar entre calles a los pies del Tajo de nuevo. Y terminar la noche al calor de unos acordes de fado.

Permitidme que cierre los ojos, que sueñe de nuevo con volver. Que me pierda en un verso de Pessoa y responda tal y como canta Salvador Sobral  “Se um dia alguém perguntar por mim, diz que vivi p´ra te amar”. Lisboa.

Ana

Lisboa